Rosario, refugiada colombiana: “Una casa es más que un hogar. Es poder volver a echar raíces”

Como refugiado, recuerdas perfectamente la fecha en que llegaste a tu nuevo país. Es como un segundo cumpleaños”. La de Rosario fue en octubre de 2008. Llegó a Barcelona procedente de Colombia. Allí era médico y defensora de los derechos humanos, luchaba especialmente contra las minas antipersona.

Recibía amenazas constantes, hasta que la situación se hizo insostenible. Un día, mi hijo me dijo: ‘Prefiero tener una madre viva, aunque esté lejos de nosotros’. Fue una decisión muy complicada, pero me marché sola”.

En Barcelona, como parte del programa de asilo, recibí una beca para un año. A partir de ahí, tienes que seguir tú solo. Compartía piso hasta que mis compañeras se fueron y yo no pude asumir el gasto sola. Pero para mí era importante quedarme en esa casa. Una casa es más que un hogar, es poder volver a echar raíces en un nuevo país”.

Empecé a alquilar esas habitaciones vacías a través de Airbnb. Y sigo trabajando por los derechos de los refugiados, doy talleres en escuelas…

Es de justicia tratar a los refugiados como a iguales y asegurar que sus necesidades básicas están cubiertas. Pero a partir de ahí, la sociedad civil podemos hacer muchas cosas para ayudar. Podemos convertirnos en embajadores de nuestra ciudad y explicar a los recién llegados cómo funcionan las cosas cotidianas: el sistema de metro, el reciclaje…

Hay que entender que un refugiado no sólo quiere vivir: quiere vivir dignamente. Los refugiados no vienen en busca de una vida mejor. Han dejado atrás una vida mejor”.